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UN NIÑO DEL SEÑOR

Los papeles dicen que llevamos juntos 50 años, pero eso no es del todo cierto. Tú ya estabas en casa esperándome, compartiendo espacio con Nuestra Señora de las Angustias Coronada, incluso antes de que yo naciera. Ya intuías que sería uno de los tuyos y, desde entonces, comenzaste a marcar mi camino. Contaba mamá —que ya está contigo— que tenía tres años de edad cuando, por primera vez, un Jueves Santo, salimos juntos. Aquello ocurrió hace 54 años yo, por supuesto, no lo recuerdo, pero sí se me despierta una imagen difuminada de un nazareno muy grande, vestido de negro, del cual me agarraba de la mano; según ella, era el abuelo. Antes, las cosas no eran tan estrictas como hoy las planteamos. En aquel entonces, esa falta de rigurosidad hacía que, en algunas circunstancias, no se prohibiera que una criatura de esa edad, aunque no figurara en un listado de hermanos, pudiera acompañar a su abuelo. Así empezamos más de uno y es verdad que, aunque somos pocos los que seguimos vistiendo nue...

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